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De la cura a la polifarmacia en geriatría

MD Ipsae Edith Melgoza Toral

 

Entender la farmacocinética y farmacodinamia de las drogas autorizadas para la prescripción de medicamentos, es uno de los pilares básicos en medicina —también una de las historias de terror más atemorizantes de cuando se es estudiante—. La habilidad de manejar fármacos de una manera adecuada, el reconocimiento de efectos secundarios e interacciones medicinales es fundamental en todos los niveles de atención médica, y por ahora, la población más vulnerable de sufrir las consecuencias de su uso inapropiado, son los adultos mayores.

 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la polifarmacia es el uso concurrente de cinco o más medicamentos recetados, con una probabilidad de presentar efectos adversos de un 50%; al mismo tiempo, es causa de admisión hospitalaria en un 3-23%, prolongando estancias y aumentando la morbimortalidad entre los pacientes geriátricos.

 

Diferentes estudios clínicos y observacionales han destacado porcentajes alarmantes de polifarmacia en más de la mitad de sus poblaciones de estudio, así como el uso de medicamentos adquiridos sin receta, errores en la administración de medicamentos y bajo nivel de educación relacionada con administración incorrecta.

 

Potenciado por el síndrome de polifarmacia, se deriva otro de los estados clínicos más comunes en los pacientes geriátricos: el síndrome de fragilidad, que se caracteriza por un aumento de la vulnerabilidad que desarrolla mayor dependencia y/o mortalidad cuando se expone a un factor de estrés, que eventualmente condiciona síntomas y patologías que previamente no existían; resulta así en un círculo vicioso donde el síndrome de polifarmacia genera fragilidad, misma que va a perpetuar el uso de más fármacos en el intento de resolver lo que se ha dañado.

 

El uso de medicamentos recetados y suplementos alimenticios causantes de interacciones medicamentosas ha aumento cada vez más, paradójicamente, a mayor número de medicamentos, menor adherencia al tratamiento. Las situaciones que propician el síndrome de polifarmacia son cotidianas, por ejemplo: luego de haber pasado un periodo de internamiento hospitalario, el volver a casa con una enorme lista de indicaciones y recomendaciones médicas añadidas a cuidados y fármacos prexistentes, difíciles de comprender para el paciente geriátrico y/o el cuidador del mismo. Un objetivo de mejora en estas situaciones sería simplificar, en la medida de lo posible, los regímenes de medicamentos y aumentar la comprensión de los pacientes geriátricos o sus cuidadores para facilitar el seguimiento del nuevo régimen y así, mejorar la seguridad con el uso de múltiples medicamentos.

 

Si se analiza el documento de la Sociedad Americana de Geriatría “Criterios de Beers sobre el uso de medicación potencialmente inapropiada para adultos mayores 2015”, una gran cantidad de fármacos de venta libre y/o comúnmente recetados en pacientes geriátricos: multivitamínicos, minerales y terapias alternativas que se les podrían considerar inocuos, en conjunto, o en dosis mayores no controladas, llegan a ser nocivos; se considera que existe esta situación en aproximadamente 50% de los pacientes geriátricos, tanto en un ambiente de cuidado familiar como en centros de cuidado de ancianos donde sus residentes llegan a recibir, al menos, un fármaco con un beneficio cuestionable o innecesario.

 

El uso inapropiado de drogas y su daño colateral es un problema que va en aumento, lo cual requiere atención de todos aquellos que tenemos relación con uno o más pacientes (geriátricos o no), tomando en cuenta el panorama global del paciente y no sólo la patología que le aqueja.

 

Como profesionales en salud debemos trabajar en una estandarización para la adopción de un protocolo de prescripción para la atención clínica en geriatría, un desafío que nos conviene abordar ahora, entendiendo que el sufrimiento innecesario y la discapacidad disminuyen la calidad de vida. Además, de acuerdo a las estadísticas mundiales, el estrato poblacional predominante en un futuro próximo será de adultos mayores de 65 años con una esperanza de vida rondando en los 80 años, cantidad nada despreciable para vivir con dignidad y en las mejores condiciones que se puedan lograr, pues recordemos que todos nos dirigimos al mismo lugar.

Referencias

 

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