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Placer sin límites

hasta la perdición

MD Ipsae Edith Melgoza Toral

 

Adicción al clímax, esclavos del placer artificial y del deseo que no conoce límites. La bioquímica cerebral detrás del placer generado por estímulos agradables que llegan a formar lazos positivos con actividades y situaciones gratificantes, puede convertirnos en prisioneros de una mente trastornada por los estragos de la adicción.

 

Uno de los principales factores necesarios para la supervivencia es el sistema de recompensa cerebral, el ordenado orquestamiento en el que un grupo de neurotransmisores y sustancias bioquímicas producen sensaciones agradables —distintos grados de placer según la actividad— después de acciones como comer, ejercitarse y tener relaciones sexuales, lo cual, al ser un refuerzo positivo, condiciona un efecto motivacional que, desde las áreas más primitivas del cerebro semejantes a las de muchos animales (área límbica, amígdala cerebral y núcleo accumbens), nos hacen vivir en una eterna búsqueda de esos escasos minutos del coctel bioquímico que percibimos como placer.

 

Las vías mesocorticolímbicas de la dopamina que surgen del área tegmental ventral del mesencéfalo, tienen un papel crítico en la mediación de la recompensa. En particular, la dopamina del área tegmental ventral que se proyecta en el núcleo accumbens (parte del sitio estriado ventral) tiene un papel prominente en el refuerzo positivo, resultando en la sensación de adquisición de “recompensas”. La nicotina, el alcohol, los opiáceos y los cannabinoides aumentan los niveles de dopamina del núcleo accumbens, y esta respuesta neuroquímica contribuye a la recompensa subjetiva y positiva del reforzamiento.

 

A diferencia de una experiencia placentera inicial de estímulos gratificantes, la exposición a drogas contribuye a una plasticidad sináptica aberrante, estados emocionales negativos y procesos de aprendizaje y memoria deteriorados que sostienen el consumo compulsivo de drogas. Además, el consumo prolongado produce una hipofunción mesolímbica que, a su vez, promueve el uso de drogas para compensar su efecto disminuido, esto puede motivar una recaída durante periodos de abstinencia en un intento de rehabilitación.

 

Hay pocas puertas que pueden desviar un camino direccionado hacia la muerte, una de ellas es el ejercicio, además de lo farmacológico, psicológico y social que implica una rehabilitación; se ha documentado evidencia de cómo el deporte puede ayudar en la salud física, el estado de ánimo, ansiedad (efectos ansiolíticos), además de la capacidad para reducir la angustia aguda de la abstinencia y un perfil de seguridad casi universal (adecuándolo a cada individuo) convirtiéndolo en un auxiliar ideal para ayudar a lograr la abstinencia y prevenir recaídas entre personas con adicciones.

 

Diversos estudios han demostrado que el ejercicio evoca las vías de recompensa similares a las inducidas por sustancias adictivas en una combinación de cambios biológicos y fisiológicos (además de sociales y conductuales) como la neuroplasticidad, entendido como el aumento en la concentración de ciertos neurotransmisores incluyendo beta-endorfinas, epinefrina, norepinefrina, serotonina y dopamina, que contribuyen a la experiencia de la recompensa inducida por el ejercicio. La influencia del ejercicio en el sistema serotoninérgico puede explicar al menos parcialmente los efectos positivos en los trastornos psiquiátricos relacionados con el estrés, ayudando también en la neurogénesis en el hipocampo, modulando las neuroadaptaciones que fueron inducidas por drogas en la señalización dopaminérgica y glutamatérgica que están implicadas en la recaída del consumo de drogas.

 

Quisiera mencionar una de las formas más tradicionales de ejercitarse (sólo por ejemplificar) las artes marciales, que con miles de años de antigüedad son un claro modelo de búsqueda de crecimiento personal, físico y mental que, contrario a lo que se pudiera pensar, es inclusivo, mejorando distintas cuestiones propias de cada grupo de edad, como el caso del Tai Chi que mejora el equilibrio y la coordinación de adultos mayores u otras disciplinas como el Karate, Tae Kwan Do, Muay Boran que mejoran el comportamiento en adolescentes y adultos jóvenes con y sin riesgo de violencia y adicciones por su incorporación de elementos como meditación y control de la respiración, un ambiente de disciplina, autoestima y cortesía hacia los demás, aunado al hecho del beneficio físico que conlleva.

 

Una vida de adicciones no da oportunidad a muchas salidas, especialmente porque es lo equivalente a una “muerte autoinflingida” a corto o largo plazo, es una cárcel de la que difícilmente se puede salir siendo un hombre libre, aun estando en sobriedad, por lo tanto, si alguien te presenta una oportunidad al alcance de tus manos como es el ejercicio en cualquiera de sus formas, ¿la tomarías?

Referencias

1. Dishman RK, Berthoud HR, Booth FW, Cotman CW, Edgerton VR, Fleshner MR, et al. Neurobiology of Exercise, OBESITY, 2006; Vol. 14 No. 3: 345-356.

 

2. Linke SE y Ussher M. Exercise-based treatments for substance use disorders: evidence, theory, and practicality, The American Journal of Drug and Alcohol Abuse, 2015; 41:1, 7-15.

 

3. Lyncha WJ, Peterson AB, Sanchez V, Abel J y Smith MA. Exercise as a novel treatment for drug addiction: A neurobiological and stage-dependent hypothesis, Neuroscience and Biobehavioral Reviews, 2013; 37: 1622–1644.

 

4.Scioli-Salter E, Forman DE, Otis JD, Tun C, Allsup K, Marx CE, et al. Potential neurobiological benefits of exercise in chronic pain and posttraumatic stress disorder: Pilot study, JRRD, 2016; Volume 53, Number 1, Pages 95–106.

 

5. Stoutenberg M, Rethorst CD, Lawson O y Read JP. Exercise training – A beneficial intervention in the treatment ofalcohol use disorders? Drug and Alcohol Dependence, 2015; 1-10.

 

6. Woodward TW. A Review of the Effects of Martial Arts Practice on Health, Wisconsin Medical Journal, 2009; Volume 108, No. 1: 40-43.

 

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