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Cuento de Navidad

y educación

MD Ipsae Edith Melgoza Toral

 

México es un país que se ha involucrado cultural y socialmente con los países que lo han conquistado o influenciado, por lo anterior, es común para la mayoría de los privilegiados que gozamos de un ambiente familiar —deficiente o no— y un techo sobre nosotros, que diciembre plasmara en nuestros recuerdos más inocentes la emoción de las convivencias familiares, así como la ilusión de mirar las casas, plazuelas y hasta los edificios de gobierno engalanadas con luces y música alusiva a la época donde, de manera enfática, se anuncia que es el momento de dar caridad, paz y amor al mundo.

 

Hablando entonces de Navidad, sin querer enfocarme en su contexto religioso, uno de los libros que icónicamente engloba este concepto navideño es “Cuento de Navidad” de Charles Dickens. Este gran escritor inglés del siglo XIX no sólo es el autor de una de las obras más representadas con diversos escenarios y personajes, —¡hasta los muppets la han representado!— también es el ejemplo de cómo alguien, con la capacidad de influir en una sociedad, utiliza ese poder por una causa de beneficio social.

 

Dickens fue el segundo de una familia con ocho hijos, con un padre despilfarrador que eventualmente terminó encarcelado por sus deudas; él menciona haber sido un niño pequeño y descuidado, pero ávido de la lectura y la educación; la pobreza de su familia lo llevó a trabajar desde niño y a llenar su cabeza de situaciones e historias que, posteriormente, serían siempre parte de sus relatos; la mayoría de sus libros incluyen un niño en situaciones adversas de miseria que logra salir adelante.

 

“Cuento de Navidad” representó para Dickens la oportunidad de hacer una crítica social ante una situación sensible para la mayoría de las personas como es la Navidad, recordamos cómo su protagonista, Ebenezer Scrooge, era un viejo avaro y amargado que tenía la posición social y económica para ayudar a las personas que lo rodeaban y, sin embargo, evitaba el mínimo despojo de humanidad a los de su misma especie; algo así como actualmente los integrantes del gobierno y sus símiles corruptos: la aristocracia moderna, que son ostentadores del poder adquisitivo y las decisiones de la seguridad social y en salud, de un país subyugado en la pobreza no muy diferente a la descripción de Dickens en la Inglaterra de mediados del siglo XIX.

 

Uno de los puntos sensibles de Scrooge fue el conocimiento de que, sin ayuda de asistencia médica, el “pequeño Tim”, el hijo más pequeño de su explotado empleado Bob Cratchit, ya no estaría vivo para la siguiente Navidad, arrepintiéndose de la dureza con la que se expresó sobre el exceso de población viviendo en la indigencia: “¿qué no hay suficientes asilos y prisiones?”. Actualmente, a finales de 2017, ¿cuántos “pequeños Tim” no han muerto por la enfermedad de la carencia?; hablando de una carencia económica y educativa, ¿cuántas historias truncadas por muerte prematura?, ¿cuántos investigadores y científicos habrán terminado vendiéndose por un salario mínimo?

 

Antes de desaparecer, el segundo espíritu le enseña a Scrooge una impactante verdad en la forma de dos niños sucios y emaciados; llama “ignorancia” y “miseria” a los hijos del hombre. No se puede refutar que el ambiente de violencia y pobreza que vive la mayor parte de México, es fruto de una falta urgente de educación de muchos años, —entre muchas otras causas— es producto también de las carencias en especie que le impiden a una familia tener la energía para trabajar, estudiar y ser parte de los pocos afortunados que logran salir de los arrabales que los vieron nacer, los demás son parte del círculo vicioso de una población ignorante, fácil de manejar, especialmente porque el gobierno y quienes lo representan son dueños y señores de dar o quitar algo tan básico como los servicios de salud.

 

Scrooge entendió la insignificancia de su existencia humana, vivió el terror de darse cuenta que jamás había disfrutado su acaudalada vida, que su avaricia lo dejó solo y vulnerable a malvivientes que lo despojaron de sus posesiones tan pronto su corazón se detuvo, aun sin enfriarse la sangre de su cadáver, para proveerse de lo necesario, especialmente por justificar sus acciones al haber sido un sujeto “despreciable”. Lo mejor para Scrooge, salvó al pequeño Tim de su sombrío destino y disfrutó cada día del resto de su vida como “una persona que mantenía el espíritu de la Navidad todo el año”.

 

Dickens logró su objetivo como activista social, desde su “trinchera”; con papel y pluma logró llegar a los ciudadanos ingleses, su obra fue un éxito y llegó a influenciar en algunos trabajos donde se decidió dar el día de Navidad (25 de diciembre) como libre para sus empleados; Dickens era escritor, por esto podemos entender que, no importando tu oficio, talento u ocupación diaria, el deseo de transmitir un mundo mejor al que se vivió dejará una huella para la posteridad, incluyendo a la comunidad científica, ¡posee a la investigación como antorcha que alumbra el sinuoso futuro!

 

Scrooge al final mostró tener un gran corazón, con mucho amor y compasión para compartir, pero, siendo francos, sería ingenuo pensar que algo así llegaría a lo que sea que bombea sangre en las venas de las “finísimas personas” que se encargan de direccionar México, la aparición de los fantasmas podría ayudar, pero se necesitaría un ejército de fantasmas que probablemente comenzarían a reclamar por sus derechos civiles como trabajadores explotados de una causa perdida.

 

Referencias

Charles Dickens Info. Learn About A Christmas Carol, Mediavine Publisher Network Food Innovation Group: Bon Appetit and Epicurious, [2017 disponible en: https://www.charlesdickensinfo.com/christmas-carol/ [revisado diciembre 2017]

 

Biography Editors. Charles Dickens Biography, The Biography website, [last updated nov 30, 2017] disponible en: https://www.biography.com/people/charles-dickens-9274087 [revisado diciembre 2017]

 

Charles Dickens. A Christmas Carol, London, Chapman & Hall. 1843

 

 

 

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