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Musicoterapia en enfermedades neurodegenerativas

MD. Ipsae Edith Melgoza Toral

 

La neuroanatomía detrás del análisis de las vías de recompensa que como humanos compartimos, como el área límbica, núcleo accumbens y la amígdala cerebral, podría incluso considerarse sencilla si la comparamos con el burdo intento en que el raciocinio humano logra, por medio de la ciencia, interpretar a través de imágenes abstractas de resonancias magnéticas las emociones que evoca la música —podría sonar a la vez como una sorna— siendo que la emoción musical como proceso neurobioquímico es de las características que nos representan y nos unen como especie desde las épocas más primitivas de nuestra existencia por el planeta Tierra.

 

Las emociones (secundarias a la música) son la consecuencia de la integración de la actividad del tronco encefálico, diencéfalo, hipocampo y corteza orbitofrontal que interactúan con el sistema nervioso periférico y motor —traducido como excitación fisiológica, entrando en acción aquí el sistema endocrino— que en conjunto producen acciones y expresiones finales que se resumen en lo que llamamos emoción, es decir, los sistemas afectivos y la información sensorial resultante (información interoceptiva, propioceptiva y cutánea exteroceptiva) se sintetiza en un precepto emocional (sentimiento subjetivo pre-verbal), representado en áreas como la corteza insular, cíngulo y la corteza somatosensorial secundaria; en cuanto a lo no propiamente biológico, la música nos integra y a veces nos representa como sociedad, ya que la amígdala, el hipocampo, núcleo accumbens y otros, se encargan de la producción de recompensas positivas ¬—también pueden ser negativas— y así, permiten que entre individuos podamos tener un sentido de pertenencia y apego entre similares que percibimos la música como un estímulo con significado social debido a sus propiedades comunicativas, que evocan emociones elementales expresadas por señales, expresiones y vocalizaciones universalmente reconocidas; todo lo anterior con el único fin común de la supervivencia como especie.

 

Ya se han demostrado los beneficios de la música desde la etapa fetal en mujeres embarazadas, observando niveles alterados (diferentes a lo que se conocían como normales) de esteroides suprarrenales y gonadales que pueden influir en la proliferación neuroblástica, la axonogénesis, la sinaptogénesis y la organización neuronal con efectos sobre el rendimiento cognitivo futuro. No únicamente durante el embarazo, los interpretes musicales —especialmente si se dedican de manera constante— demuestran evidencia de la plasticidad cerebral que se puede entender como “neuroprotección” futura para la vejez, la emoción que su interpretación simboliza facilita la codificación y el reconocimiento de representaciones a largo plazo de piezas musicales.

No parece extraño, por lo tanto, transformar este conocimiento y convertirlo en una terapia adicional a la farmacológica para personas con enfermedades como demencia tipo Alzheimer, Parkinson, autismo, entre otras que, independientemente de los síntomas propios de su enfermedad, se acompañan en su mayoría de forma concomitante con ansiedad o depresión —característico de un estado neurodegenerativo con alteración en neurotransmisores como: serotonina, dopamina y acetil colina —que nos lleva a pensar a veces que la propia inherencia del individuo enfermo, se encuentra mermada o ausente—.

 

La música ha beneficiado a pacientes con enfermedades neurodegenerativas —se ha estudiado principalmente en enfermedad de Alzheimer— como estímulo confortable que evoca emociones positivas de alegría, incluso con efecto neuroendócrino disminuyendo la sobreactivación simpática y suprarrenal ligada al estrés, aunado a la terapia farmacológica.

 

Gracias a muchos resultados positivos en estudios clínicos, pacientes con Alzheimer se han beneficiado de la sensación placentera que les provoca revivir el “casi recuerdo” de la información musical —principalmente música con la que se encuentren familiarizados y aun melodías desconocidas— que el sistema límbico puede traducir en una recompensa neurobioquímica. Pueden beneficiarse, además, con clases de canto donde el objetivo de la enseñanza puede inducir a una mejor retención de palabras, reduciendo síntomas como delirio, ansiedad o depresión.

 

Parece entonces que una de las maneras de devolverles parte del “yo”, que alguna vez habitó un cuerpo debilitado y corrompido por la enfermedad, viene en forma de partituras; ya sea con el sonido de un conjunto de instrumentos, armonía, acordes y rítmica que los privilegiados convierten en música, o el canto enseñado o interpretado por una voz privilegiada —¡Con la capacidad divina de convertir notas de un pentagrama en melodías!— las cuales llegan hasta las zonas más profundas de un sistema límbico deteriorado, ayudándolo a convertir dicha codificación auditiva en emociones que permiten sosegar y llevar calma al consciente, e igualmente recordarle a un sistema nervioso central atrofiado que alguna vez existió con todas las peculiaridades que caracterizan a un individuo.

Referencias

 

1.Koelsch F. Brain correlates of music-evoked emotions, NATURE REVIEWS, NEUROSCIENCE, 2014; Vol 15: 170-180.

 

2. Mueller K, Fritz T, Mildner T, Richter M, Schulze K, Lepsien J, et al. Investigating the dynamics of the brain response tomusic: A central role 2 of the ventral striatum/nucleus accumbens, NeuroImage, 2015;1-12.

 

3. Arya R, Chansoria M, Konanki R y Tiwari DK. MaternalMusic Exposure during Pregnancy Influences Neonatal Behaviour: An Open-Label Randomized Controlled Trial, International Journal of Pediatrics, 2012; 1-7.

 

4. Gómez-Gallego M y Gómez-García J. Musicoterapia en la enfermedad de Alzheimer: efectos cognitivos, psicológicos y conductuales, Neurología, 2015; Sociedad Española de Neurología. Publicado por ©Elsevier España, S.L.U. 1-9.

 

5. Schlaug G. Musicians and music making as a model for the study of brain plasticity, Progress in Brain Research, ISSN 0079-6123, © 2015 Elsevier B.V. 37-55.

 

6. Eldirdiri-Osman S, Tischler V y Schneider J. ‘Singing for the Brain’: A qualitative study exploring the health and well-being benefits of singing for people with dementia and their carers, Dementia, 2016; Vol. 15(6): 1326–1339.

 

7. Raglio A, Fonte C, Reani P, Varalta V, Bellandi D y Smania N. Int J Geriatr Psychiatry, 2015; Published online in Wiley Online Library: wileyonlinelibrary.com

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