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La ignorancia para oponerse al sistema…¿estás de acuerdo?

MD Ipsae Edith Melgoza Toral

 

¿Una mente ignorante puede desafiar un “sistema” establecido y además creer que su ingenio innato es suficiente para aportar al mundo un mejor futuro?

 

Actualmente observamos una realidad donde, sin generalizar a las mentes jóvenes que suelen ser motor de cambio para la humanidad, se relaciona a la juventud con pensamientos irracionales como el afirmar que la búsqueda del conocimiento es innecesaria para la vida, —¡aun no lo creo!— después de años en que muchos pensadores, tanto hombres como mujeres, fueron considerados subversivos ante la sociedad, perdiendo hasta la vida misma por alcanzar el objetivo de atesorar el placer intangible del conocimiento, perdiendo todo por la educación…luego llegamos al 2017.

 

Sin profundizar en ese pobre discurso, utilizando la metodología de Platón para las ideas, plantearé el modo en que su “Alegoría de la caverna” se aplica al mundo del conocimiento, entendiéndose que, tal como él lo planteó, dicha alegoría busca exponer la condición en que se encuentra nuestra idiosincrasia, es decir, el estado de la mayoría de los humanos con respecto al conocimiento de la verdad o el estado de ignorancia.

 

Platón (427-347 ane) fundamentó su Teoría de las Ideas afirmando que “el hombre alcanza la realidad por medio de las ideas, pues son ellas, y no los elementos materiales, las que dominan el universo”. En su alegoría comienza contextualizando a un discípulo en una caverna oscura donde hay prisioneros encadenados de las piernas y el cuello, lo que les impide huir o voltear su cabeza, detrás de ellos hay una luz que les permite visualizar al frente sombras de figuras, objetos y seres que hablan entre sí, esta es la única realidad que conocen y al ser así, es su verdad. Después plantea que un prisionero es liberado de sus cadenas permitiéndole moverse, posteriormente es arrastrado por su salvador en dirección a la luz que jamás había observado de frente, por reflejo ocular normal tarda en acostumbrarse a una visión con mayor acceso a la luz, aquí es donde se encara por primera vez al conocimiento basado en evidencia; gracias a sus sentidos puede ver que la luz que tuvo en la nuca no es un sol, sólo es fuego; además, se da cuenta que no es la única fuente de luz, ésta proviene de más al fondo de la caverna. De manera analógica, cuando accedemos al conocimiento proveniente de hechos establecidos a través de cientos de años de estudios, además de comprender nuestra propia ignorancia, descubrimos que lo que entendíamos por realidad o verdad es incorrecto, hechos del conocimiento popular al estudiarlos con el método científico resultan ser incorrectos.

 

Después de que los ojos del prisionero se adecúan a mayor exposición de luz, puede vislumbrar que las sombras de objetos proyectados que conocía previamente en realidad tienen dimensión y son tangibles. Al adquirir erudición y poder comprobar lo que los dogmas explican, se derrumban previas columnas de oscurantismo que asientan las bases de la razón lógica ávida por obtención de más entendimiento.

 

El prisionero es entonces arrastrado y obligado a avanzar por una sinuosa y escarpada cuesta que lo lleva al final de la caverna donde sale al “mundo real”, al principio el brillo del sol lo tiene cegado, —el verdadero sol— luego, poco a poco, puede observar un lago donde analiza que hombres y objetos que vislumbra, son un reflejo de los que tiene cara a cara; experimenta la noche, el día con sol y, con base en las ideas construidas, podrá llegar por fin a sus propias conclusiones.

 

Nadie puede llamarse “hombre de ciencia” si llegase a afirmar que algo es imposible, un hombre de ciencia sólo afirmaría que algo “no es probable” y luego, por medio de la investigación y el método científico, recorrería el trabajoso camino que implica la búsqueda de la verdad (incluida cualquier prueba comprobatoria que le dé significancia estadística); tal como el hecho de que subir la pendiente de la caverna implica un esfuerzo recompensado por el esplendor de la luz del sol, de la misma manera, el afanoso empeño que implica el trayecto hacia el conocimiento tiene como recompensa gozar de la satisfacción que sólo podría compararse con alcanzar una cima muy alta que se creyó imposible de conquistar, pero que, al final, al ver el paisaje desde el cielo, se puede comprender que todo sacrificio valió la pena.

Referencias

 

1. Clapellini C. El mito de la caverna de platón explicación y análisis, Historia y Biografías, [28 marzo, 2016], 2016; Disponible en: http://historiaybiografias.com/mito_caverna_platon/ [Revisado junio 2017]

 

2. PLATÓN, Alegoría de la Caverna, República, Libro VII, Ed. Gredos; Madrid 1992 (Traducción de C. Eggers Lan).

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