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Hábitos de alto riesgo:

la automedicación

MD Ipsae Edith Melgoza Toral

 

Dentro de la práctica médica diaria en México no resulta inusual encontrarnos con un paciente automedicado, desde casos con reacciones cutáneas, diarreas, vómitos, hasta daño hepático por intoxicación con herbolaria, daño renal crónico por ingesta prolongada de antiinflamatorios no esteroideos, o crisis adrenal por mal uso de esteroides (entre otros con secuelas fatales). El precio de la falta de tiempo, la limitación financiera y la ignorancia de no buscar ayuda profesional con una consulta médica, pueden costar, ya no el “inconveniente” de la consulta, sino una estancia en urgencias u hospitalización.

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la automedicación como: "selección y uso de medicamentos (herbarios o químicos) por parte de individuos para tratar enfermedades o síntomas auto-reconocidos", lo cual implica no sólo el consumo de productos de venta libre, sino la obtención de fármacos incluso reutilizando recetas de medicamentos previamente prescritos sin supervisión médica.

 

Es perfectamente razonable que exista la necesidad de información después de una consulta médica donde, secundario al poco tiempo y/o sobresaturación de la mayoría de los servicios de salud, se realice una búsqueda intencionada, donde la persona desempeña así un papel activo en su salud; pero, el hecho de tomar decisiones sobre el consumo y dosis de medicamentos o el “autodiagnóstico” sintomático implica el entrar “a ciegas” a un escenario del que no se entiende el alcance y las consecuencias de sus propios actos.

 

El uso indiscriminado de fármacos no sólo daña a una persona (ya sea anciano, adulto o niño), el perjuicio se genera como una onda expansiva causando aumento de reacciones adversas que pueden llegar a sus mayores expresiones modificando el curso de patologías diagnosticadas y enmascarando síntomas y signos para el diagnóstico de enfermedades. En el caso de automedicación antibiótica (por dar un ejemplo) de manera intransigente se crean reacciones adversas a medicamentos, interacciones con fármacos, infecciones añadidas, resistencia a antimicrobianos y resistencia de los propios patógenos a los agentes farmacológicos; esta pérdida de actividad antibiótica, especialmente en aquellos de costo relativamente bajo, afecta sustancialmente a las poblaciones de menor ingreso económico.

 

México forma parte del porcentaje de países en desarrollo donde, incluso, entre conocidos y personas sin conocimiento sobre alopatía, se “aconseja” la automedicación; esto es irónico, ya que además de tener un estatus económico pobre —en la gran mayoría de su población—, la carencia de educación en salud y los conocimientos sobre riesgos asociados van de la mano. Popularmente, sin generalizar, las personas llegan a creer que pueden manejar por sí mismos las situaciones que se desprendan de tomar medicamentos no sujetos a prescripción, que incluso según la lógica de pensamiento que parecen utilizar el común de la población, los medicamentos no sujetos a receta y automedicados son “no nocivos” o “no causantes de efectos colaterales".

 

El personal de salud tiene un largo camino de mejoras que recorrer, pero se debe entender que la salud de una población no es responsabilidad únicamente de un gremio, requiere del compromiso tanto del paciente como de su red de apoyo, ubicando la salud como principal prioridad —¡como debería ser!— entendiendo lo que es un hecho, que la salud física, mental y social forman el concepto completo de salud, y, si alguno está alterado, no se puede llevar una vida plena.

 

Las consecuencias de medicinas innecesarias, un diagnóstico diferido de una condición de salud grave, una carga económica imprevista para el paciente y el sistema de salud y todo lo que requiera el tratar de estabilizar un paciente negligente y desidioso con su propia vida, son sólo las secuelas más generales de una deficiente educación en salud (educación en sí) y una sociedad acostumbrada a eludir su propia responsabilidad justificándose con una y mil excusas.

 

Dejemos la salud —¡nuestro bien más preciado!— en las privilegiadas manos de quienes dedicamos la vida a retrasar o limitar la enfermedad para que otros puedan disfrutar del maravilloso obsequio del tiempo; este país no está listo para aplicar la automedicación responsable como sucede en otros países desarrollados.

Referencias

 

1.Bennadi D. Self‑medication: A current challenge, J Basic Clin Pharma, 2014; Vol. 5, Issue 1, 19-23.

 

2. Locquet M, Honvo G, Rabenda V, Van Hees T, Petermans J, Reginster JY, et al. Adverse Health Events Related to Self-Medication Practices Among Elderly: A Systematic Review, Drugs Aging, 2017; Volume 34, Issue 5, pp 359–365.

 

3. National Medicine Information Center and Reference Library. Self-medication, SJRUM, 2014; Issue No. 06: 1-30.

 

4. WHO. Guidelines for the Regulatory Assessment of Medicinal Products for use in Self-Medication, WHO/EDM/QSM/00.1, 2000; 1-28.

 

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